Disciplina

Cuando lady Kirbridge despertó, su piel todavía estaba impregnada de las sensaciones que había experimentado antes de desmayarse. Había perdido el conocimiento tal y como el arrogante lord Crawford había asegurado que ocurriría. No sabía cuanto tiempo había permanecido dormida, pero el deseo aún latía incómodamente en sus entrañas y su humedad permanecía fresca en sus muslos. Se removió, pero apenas un poco, lo justo para darse cuenta de que seguía inmovilizada: las manos atadas a su espalda con las correas de cuero en las muñecas, el collar bien apretado en su garganta, las medias cubriéndole los muslos y las tobilleras estrangulando sus tobillos. Quizá solo se había traspuesto unos segundos... Intentó hablar, pero mordió una tira de cuero entre los dientes.

- Has sido una niña mala y desobediente - murmuró lord Crawford empleando ese tono autoritariamente morboso. Su voz le había sonado directamente sobre el oído y su aliento le había rozado la oreja. Lady Kirbridge palpitó por entero. Estaba tumbada de costado, sobre algo blando. Supuso que era una cama porque seguía sin poder ver. Los dedos de lord Crawford recorrieron la curva de una sinuosa cadera. - No recuerdo haber dicho en ningún momento que podías desmayarte - Lady Kirbridge se quedó completamente rígida, invadida por ese miedo escénico que la ponía en tensión absoluta. Era imposible que Crawford la estuviera culpando de algo completamente involuntario para ella. - Dije que existía una enorme probabilidad de que ocurriese, pero no te di permiso para hacerlo. - Ella intentó defenderse, pero la mordaza se le apretaba demasiado a la boca. - Sigues sin obedecer, corazón. Sigues hablando aún cuando no he dado permiso. Me siento profundamente decepcionado por ello. Separa las piernas - azuzó con voz severa mientras llevaba la mano al interior de sus muslos. Ella lo hizo, separó ligeramente las piernas sin saber a dónde llevaría todo aquello; todavía estaba aturdida. Tragó saliva. Crawford acarició la húmeda línea de su sexo provocándole un escalofrío. Con la yema del dedo corazón recorrió la suave cavidad y se hundió en lo más hondo de su ser, arrancándole un lamento a la mujer por la repentina invasión. - Has estado cincuenta y dos minutos inconsciente. Durante ese tiempo me has privado de tu gozo: no he podido disfrutar de tus labios calientes, ni de tu tierno sexo, ni de tu dulce interior. No había terminado contigo por esta noche... No he podido acariciarte, no he podido saborear tu almibarado clítoris, ni he podido escuchar los gemidos que reprimes con todas tus fuerzas para no desobedecerme. ¿Sabes lo que eso significa? - hablaba amenazadoramente suave, vertiendo las palabras en la oreja de la indefensa lady Kirbridge; al mismo tiempo, acariciaba lentamente su interior, haciendo temblar el cuerpo de ella. - Que aún no había terminado contigo, corazón. Y por tu culpa, nuestro encuentro va a tener que ser abreviado. Con la de cosas que tenía preparadas especialmente para ti... Necesitas disciplina, corazón. Mucha disciplina.

Hizo una pausa larga, sacando el dedo de dónde lo tenía, simplemente para humedecer el monte de Venus de lady Kirbridge con sus propios jugos. Ella jadeó sonoramente, mordiendo el cuero para aliviar la tensión. El deseo volvió a crecer en su vientre, el dedo de lord Crawford removía el fuego de sus entrañas y la presionaba contra el borde del precipicio una vez más. Y ella sabía que no tenía que perder el equilibrio, que la lección más básica que había aprendido era que no podía tener un orgasmo sin permiso. ¡Qué crueldad! Su sexo no hacía más que humedecerse, incontenible, mientras Crawford acariciaba suavemente alrededor de su semilla. Si el castigo era permanecer cincuenta y dos minutos sin poder recibir alivio... Él no iba a ser capaz de algo así, ¿verdad?

- Estás tan sabrosamente húmeda, corazón... - murmuró apretando su brotecito con dos dedos. Lady Kirbridge se atragantó con su propia saliva por enésima vez. - Quiero que me escuches, corazón. Y quiero que me escuches con atención. Durante los próximos cincuenta y dos minutos vas a aprender una lección muy importante: quién manda aquí. Voy a castigarte como te mereces y si me desobedeces, si te atreves a desobedecerme, a hacer algo que yo no te he dicho que hagas, a suplicarme, a decirme lo que tengo que hacer... te daré más azotes de los que puedas contar y te mandaré a casa con el trasero tan caliente que no podrás sentarte durante días. Se acabó ser suave contigo, corazón.

El dedo invasor se retiró con presteza y un azote en sus nalgas resonó secamente por toda la habitación. Algo tiró de su cuello y lady Kirbridge recordó la cadena de plata del collar. Crawford tiró de ella obligándola a bajar de la cama con mucha torpeza, con los muslos húmedos y temblorosos.

- De rodillas. La cara en el suelo... Y levanta el culo.

Ella se tiró apresuradamente sin calcular muy bien la distancia contra el suelo y se golpeó la frente. Por fortuna, estaba blando, segurante alfombrado o enmoquetado y con cuidado se colocó como lord Crawford había dicho. Puso la mejilla sobre el suelo y levantó las nalgas. En cuanto lo hizo, un tremendo fustarazo se descargó sobre la parte trasera de sus muslos. El corazón de lady Kirbridge latió desenfrenadamente irregular y su respiración se entrecortó. Tenía miedo. No podía negarlo, estaba tremendamente asustada por aquel cambio tan brusco.

- Más alto... ¡más alto! - dos latigazos firmes obligaron a lady Kirbridge a poner el culo lo más alto que pudo. No era fácil estar de rodillas de esa manera. - Bien, parece que vas comprendiendo, corazón, la forma en que se hacen las cosas. Espero no tener que volver a azotarte en lo que queda de noche por algo que no eres capaz de hacer correctamente...


La voz del señor Crawford sonaba dura, inmisericorde, fría. Una voz autoritaria y dominante. Daba mucho miedo aquel tono tan peligroso. Ella sabía que aquel hombre era capaz de lo mejor, pero, ¿sería también capaz de lo peor? Estuvo en aquella postura tanto tiempo que creyó por un instante que lord Crawford se había ido y la había dejado allí. Pero no fue así, escuchó que caminaba a su alrededor, golpeandose la palma de la mano con la fusta de cuero. La estaba observando, comprobando que estaba bien colocada, que su postura era correcta y que no había cometido ningún error. Un leve golpecito sobre la cintura le provocó un respingo. La punta de la rígida vara recorrió su costado indefenso y alcanzó su pecho. Dio unos toquecitos a la vulnerable cima, convirtiéndola en una punta dura como un carámbano de hielo. Hizo lo mismo en el otro pecho.

- Considero que tienes los pezones más bonitos que he visto en mi vida, corazón - habló de nuevo. Lady Kirbridge reconoció esa voz como la de una persona a la que le gustaba escucharse. Sin duda a Crawford le gustaba hablar, le gustaba halagar, le gustaba sentir el sonido de su propia voz rebotando en las paredes; y él sabía perfectamente cual era el efecto que provocaba su voz. Tanta soberbia y tanta arrogancia atormentaban el orgullo de lady Kirbridge, porque no podía evitar que su sexo se estremeciera cuando él se mostraba tan presuntuoso. - Me pones en un verdadero aprieto... no sé qué parte de tu cuerpo voy a castigar primero por tu falta de obediencia. Estoy como al principio, no sé por dónde empezar. Sin embargo, tengo especial interés en esta parte de aquí... - lady Kirbridge sintió la vara sobre su orificio más estrecho, aquel que estaba ahora mismo bien expuesto a la mirada del verdugo. Las alarmas se le dispararon, aquel lugar todavía era vírgen y lord Crawford ya había mostrado interés en ello. ¿La castigaría así? Demasiado cruel. - Levanta los pies del suelo... - pidió apartando la vara del agujerito. A lady Kirbridge le costó entender lo que tenía que hacer, pero terminó comprendiendolo cuando Crawford le azotó el culo de nuevo. Separó las rodillas y levantó los pies al aire, haciendo que su sexo y su trasero quedase más a la vista que antes. Era incómodo estar así, con la cara apoyada en el suelo. Sabía que si se movía un poco, se desequilibraría y se caería y entonces nada la libraría de los azotes. - Las vistas son perfectas... - comentó complacido. Ella sintió la humedad resbalarle por los muslos.

No supo que pasaba hasta que las manos de Crawford se posaron sobre su trasero. Le separó las nalgas exponiéndola más todavía y a lady Kirbridge se le detuvo el corazón de la sopresa cuando la lengua del hombre recorrió toda su humedad hasta alcanzar el lugar que llevaba deseando toda la noche. Antes había intentado detenerlo y había recibido un castigo; ahora solo pudo apretar los puños y encoger los dedos de los pies cuando lord Crawford comenzó a lamer entre sus nalgas con mucha dedicación. No se lo podía creer. Respiró con dificultad tratando de mantener la postura, sabiendo que hacer algo incorrecto la atormentaría el resto de su vida.

Pero no pudo evitar removerse, era incómodo y violento. Le gustaba la sensación, pero la zona era demasiado horrible para considerarla decente y se negaba a sí misma que deseaba que él no terminase nunca de llenarle de saliva el estrecho orificio. Crawford aumentó la tensión con la que sometía a lady Kirbridge y sin dejar de lamer dulcemente, llevó un dedo a su sexo y penetró insistentemente. La mujer gimió y se retorció, aullando incluso con la mordaza puesta, desequilibrándose incluso con las rodillas clavadas al suelo.

- Sabroso... - dijo Crawford golpeándola con su aliento. - Siento tus contracciones, corazón. ¿Acaso quieres acabar ya? - preguntó. Ella asintió con vehemencia, a punto de perder la razón. - Ni se te ocurra hacerlo todavía. No lo harás hasta dentro de cuarenta y seis minutos...

5 intimidades:

  1. Os preguntaréis, ¿dónde está Reincidencia? Bueno, pues ahí está, solo que con otro nombre, porque el arco argumental ha terminado y empieza uno nuevo ^.^

    Espero que os guste, un saludo :3

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  2. Exquisito, sublime, excitante... Sigo?. Esta parte se ha hecho d rogar, pero ha valido la pena la espera.

    Me despido esperando la siguiente continuación. Saludos y bs!!!

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  3. Ainsssssssssssssss!!!!!!
    Demasiado tiempo!!! :S
    Sigueeee porfissssss!

    (ejem... ten una linda semana)

    Sigueeeeeeee!
    ;)

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  4. Y, sin embargo, desde Mi cómodo sillón observo con placer que sigue siendo una reincidente, señorita Marín.

    Reincidencia impenitente... ¿o acaso opina que tal disciplina comporta una penitencia?

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  5. Gracias por tus palabras, Dulce ^_^ ¡Un beso!

    ¡Hola Sweet! Siento haber tardado tanto tiempo en continuar, espero que no se repita. Esta parte está toda maquinada, queda escribirla :D

    Bienvenido de nuevo, Señor. Opino que Penitencia iba a ser el título de este arco argumental, sin embargo, preferí optar por la aplicada disciplina de Crawford antes que por un excesivo castigo para alguien con tan poco rodaje como lady Kirbridge. Será un castigo duro, pero valdrá la pena. O eso espero...

    Un saludo ;)

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