Consecuencias (III)

El efecto de sus palabras se hizo notar rápidamente. Lord Kirbridge, abrazado a su esposa, sintió en sus brazos como ella se tensaba, como su piel desnuda se erizaba y como su respiración se entrecortaba. Incluso podía notar las pulsaciones violentas de su corazón en los labios cuando depositó un beso en su cuello, detrás de la oreja, sintiendo la palpitación de la artería inflamada de sangre caliente.

- No podía permitirme el lujo de dejarle a ese hombre la libertad suficiente para someterte... - susurró sobre su cuello, llenando su piel de besos cálidos y suaves. A ella se le erizó el vello de la nuca y un escalofrío le recorrió violentamente el espinazo. - Claro que no, pequeña, claro que no. Cuidé de tí todo el tiempo, vigilé que Crawford no sobrepasara los límites, que te hacía disfrutar como tú mereces. Él te hizo exactamente lo que yo quería que te hiciera... Y estuve a tu lado en todo momento, observandote, disfrutando de tu elegancia, de tu entrega, de tu belleza y de tu perfección. Estabas sublime... tan hermosa - siguió la línea de su hombro con los labios, mientras sus manos tiraban de la bata de algodón para deslizarla por su cuerpo maltratado. La prenda cayó por su propio peso al suelo y lord Kirbridge pudo ver el cuerpo de su esposa reflejado en el espejo. Su bella espalda estaba surcada por líneas de un rojo pálido, las curvas de sus caderas y sus voluptosas nalgas estaban marcadas con tonos morados muy oscuros. La parte trasera de sus muslos tenía un aspecto doloroso. Él contempló con deliciosa devoción aquellas cicatrices de sumisión y se sintió un poco decepcionado por no haber sido él quién le quemara la piel a fustarazos. Pero todo a su tiempo.

Lady Kirbridge no podía decir nada, Él la había dejado sin palabras. No veía su rostro, pero lord Kirbridge imaginaba que tendría los ojos muy abiertos y de sus hinchados labios entreabiertos escaparían suaves jadeos, mientras su cerebro trataba de procesar tanta información de golpe. Era algo totalmente comprensible que estuviera confusa, hecha un lío; él no había sido sutil, ni discreto, ni había hecho las cosas de la manera tradicional. Pero estaba más que dispuesto a hacer entender a su esposa cual era su verdadera naturaleza y tenía sus motivos para haber llevado a cabo tales acciones.

Viendo que ella no reaccionaba a las caricias prodigadas en sus brazos -no se acercaba a su cuerpo, pero tampoco se alejaba de Él-, lord Kirbridge volvió a susurrar en su oído. Cada vez que su respiración le rozaba la piel, ella temblaba y tener su cuerpo tibio tan cerca ponía a prueba su autocontrol. Dejarse llevar por el ansia de poseerla no era una opción en este momento, no hasta que ella se relajara. Su erección no hacía más que tirar de él, apretándose dolorosamente a su ropa, doblándole las rodillas de puro deseo. Se había pasado toda la noche contemplándola y...

- Fui yo el que te acompañó a sus dominios, ¿sabes? Estabas tan emocionada que ni siquiera me reconociste. Te obligué a quitarte el vestido, te puse la venda, te até las manos a la espalda y apreté ese collar tan ceñido a tu precioso cuello. Estoy seguro de que eso fue lo que más te gustó, que te atara...

- Conrad... - habló ella por fin, con un sonoro suspiro, aferrándose al señor Kirbridge con fuerza. Le clavó los dedos en los brazos y aquel dolor picante provocó una llamarada de deseo en Él, que volvió a sobreponerse a la emoción para atender las apremiantes necesidades de su esposa.

- No debes llamarme así, pequeña. No cuando estemos a solas - gruñó con la voz envuelta en meloso veneno. Lady Kirbridge gimió con dulzura, temblando como una hoja. - Date la vuelta. Dame la espalda - demandó con fiereza en su oído. Ella se vino abajo y dejó escapar un sonoro jadeo, retrocediendo un paso; pero los brazos de lord Kirbridge le cerraban la retirada. Forcejeó levemente con Él, de forma inútil, porque su piel desnuda y sensible se rozaba con la ropa de su esposo, haciéndola gemir de placer y frustración. Con un movimiento brusco, lord Kirbridge la hizo girar sobre si misma, atrapándola entre sus brazos. - Un atisbo de rebelión, mi amor, son cosas que no consiento. Yo no soy tan misericordioso, ni tan compasivo como el señor Crawford. Pero comprendo tu miedo, pequeña, y comprendo que estés angustiada.

Se encontró con la mirada de lady Kibridge reflejada en el espejo, unos ojillos asustados en un rostro contraído por la confusión. Su cuerpo temblaba, su piel enrojecida por el calor del baño desprendía un aroma a algodón de azúcar absolutamente delicioso. Lord Kirbridge hundió el rostro en su cuello, perdiéndose en el aroma de su cabello mojado y mordió su cuello, provocando un respingo en la mujer. La mano derecha siguió la curva de su cintura y su cadera, dirigiéndose lentamente hacia el centro de sus muslos. Observó la mirada de ella en el espejo mientras sus dedos se acercaban decididos hacia el sinuoso monte de su pubis y sintió la tensión que la invadía. Con precisión le rodeó el cuello con el brazo y apoyó la palma de la mano sobre el vientre, haciendo que ella se inquietara por la determinación de sus gestos. La oyó gemir con desesperación cuando volvió a forcejear para soltarse. Lord Kirbridge hundió la mano entre sus piernas y ella se ahogó con su propio aliento.

 

- Oh, por Dios... - susurró lady Kirbridge con un lamento de sorpresa. Estaba húmeda. Mucho. Demasiado. Y su reflejo en el espejo era el de una mujer exhuberante y ansiosa. Lord Kirbridge se apretó a ella para fundirse a su calor con la excitación tirando de él y deslizó los dedos por la humedad, abriendo sus pétalos mojados. Ella hizo un gran esfuerzo por volver a hablar, con la voz preñada de placer. - Conrad... por favor... no... no puedo más... - gimió con los ojos empañados.

- No te resistas. No tengas miedo. Deja que yo me encargue de ti, como he hecho hasta ahora. Deja que yo me ocupe de todo, pequeña. Necesitas esto más que nunca, no puedes negarlo...

¡Claro que no podía negarlo! Lady Kirbridge emitió un grito estrangulado cuando los dedos de su esposo comenzaron a acariciarla de manera indecorosa, tocándola de una manera como nunca antes lo había hecho. Se mareó en cuestión de segundos. Ese no era su marido, aquel hombre no era el tipo frío y distante con el que había estado viviendo todo este tiempo; no era el hombre que no la miraba, no era el hombre que siempre la ignoraba, no era el hombre que nunca se acostaba con ella. Era otra persona, otro hombre, alguien lo había poseído, algún espíritu lujurioso que se había encaprichado de ella. Ay, su mano... era tan grande, tan fuerte, tan explosiva...

- Conrad... - repitió, abrumada. "¡Para! ¡Detente!" Eso era lo que quería decirle, pero no podía, simplemente no podía decir nada que no fueran monosílabos ahogados. - ¡Dios! - chilló cuando Él hundió un dedo en sus carnes. Toda la mano abarcaba su sexo, era horriblemente delicioso.

- No me llames así cuando estemos a solas - repitió con dureza en su oreja, sin dejar de mirarla por el espejo. Observaba sus estremecimientos, la resistencia de su cuerpo, el color carmesí que congestionaba sus mejillas, sus pechos hinchados con sus pezones enhiestos, el color violeta de las marcas de su piel, el brillo de sus muslos empapados, la violencia de su mano hundida entre ellos. Lady Kirbridge tenía los ojos cerrados y las lágrimas se le escapaban; mantenía las piernas tensas, con los pies apoyados en las puntas, como si al alzarse pudiese escapara de la mano que la atormentaba. Se mordía los labios con fuerza, movía la cadera para intentar apartarse, pero se golpeaba contra la tremenda erección de lord Kibridge y eso la frustraba. - Eres preciosa, pequeña. No sabes cuanto te quiero, estás tan húmeda, tan tierna... no puedo esperar a hundirme en tí...

- Oh, Señor, ¡por favor! - con un grito desgarrador, se aferró a los brazos de lord Kirbridge y empezó a retorcerse con mayor violencia, frotándose a su mano con ansiedad. Era como si la noche no hubiese acabado, como si siguiera en un sueño después de haber despertado, con el cuerpo en un estado de letargo que sólo necesitaba un empujón para volver a estar excitado. Tenía una salvaje necesidad de alivio.

- Córrete.

Lo murmuró suavemente en la oreja de lady Kirbridge de forma tan imprevista que ella se encogió de placer, tensándose bruscamente, levantando los pies del suelo, quedándose suspendida en el aire mientras su sexo palpitaba con vehemencia alrededor de los dedos de lord Kirbridge. Él no se mantuvo ocioso, sostuvo su cuerpo en vilo sin dejar de susurrarle halagos en el oído, sin dejar de complacerla, sintiendo como su miel se le derramaba por el dorso de la mano.

- Maravillosa - sentenció el hombre cuando ella se relajó. Lady Kirbridge estaba otra vez al límite de sus fuerzas, desmadejada en brazos de lord Kirbridge. La entrepierna le dolía, tenía los músculos de ahí abajo tensos otra vez, estaba terriblemente agotada y lo único que quería era descansar y que dejaran de darle placer porque se iba a volver loca. Tantos orgasmos no podían ser sanos. Era todo demasiado intenso.

- Conrad... - jadeó nerviosa, resoplando por la nariz. - Necesito descansar...

- Podrás descansar, mi amor, cuando yo te lo diga - dijo lord Kirbridge, abrazando fuertemente a su esposa. Suavemente, aferró su rostro con una mano y giró su cabeza hasta tener accesible su boca para beber de sus labios aquellos sonoros gemidos que ella todavía emitía. - Todavía tengo que enseñarte muchas cosas, como por ejemplo, la forma en que tienes que dirigirte a mi.

- ¿Señor...? - sollozó lady Kirbridge con la lengua enredada, hipnotizada con su boca. Él se rió en sus labios, divertidamente complacido.

- ¿Señor? ¿Acaso soy un maldito desconocido? - bromeó, mordiéndole la boca, acariciándo subrepticiamente uno de sus hinchados pechos, escuchando como se quejaba por el violento placer que volvía a invadirla. Tenía los pezones tremendamente duros y tiesos, doloridos y sensibles. - El término correcto es "Amo". Ahora, quiero que levantes los brazos y te agarres al marco del espejo, que apoyes la frente en el cristal y separes bien las piernas. Es el momento de hacerte definitivamente Mía. 

12 intimidades:

  1. Impresionante.

    Realmente es un placer leerte, tienes una forma de escribir muy sensual y sugerente, con el punto justo de erotismo que solo he leído en autoras americanas consagradas del género erótico.

    Yo me quedo por aquí jaja

    Besos

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  2. Maravilloso, Paty, realmente fantástico. Incluso mientras leía he sentido una extraña, y a la vez familiar, sensación. Esto sólo puede significar que llegas al lector con gran acierto.

    Un besito desde mi Jardín.

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  3. Sin palabras...y con cosquilleo entre las piernas...ayyyy dios....a dormir princesa...

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  4. Aysh.... (suspiro de anhelo interminable)

    Pues sí... se ve que Lord K la castigó XD ¡pero no como yo pensaba! Sí que ha cambiado la cosa... Me gusta, me gusta...

    Aunque ahora tengo un gran problema con tu historia porque no sé si llegará un momento en el que no podré decidirme por Lord C o Lord K T_T jajaja

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  5. Muy buenas, Kelly. Agradezco tus palabras, mi meta ahora mismo es escribir un libro que algún día se publique, así que ¡no pierdo la esperanza! Jajaja.

    Hola querida Rosaida, me alegra que te haya parecido emocionante y familiar. Lo que más me hace trabajar en estos relatos es que lo descrito pueda llegar al lector y empatizar con él. Parece que lo consigo ^_^

    Hola princesa :3 ¿A dormir tan temprano? Venga, lee un poquito más. Un beso :**

    Seishi, ¿no ves cual es mi intención? Hacer dudar de si es mejor Lord C o Lord K. ¿O los dos? Hum... dificil elección, ¿verdad? muajaja.

    Un beso a todas ^_^

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  6. Hola Paty, hace algún tiempo que estoy siguiendo tu fantástico blog.
    Y déjame decirte que con cada relato me voy enamorando más y más de tu genial forma de escribir.
    Te sigo ^^
    P.D: En mi blog tenemos un concurso para Halloween, pásate haber si te interesas, ¿si?
    Muchos besos y abrazos, nena.
    Bye, bye.♥

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  7. Juer...
    ...lo que me he estado perdiendo...!

    O.O

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  8. Lord Kirbridge...es sumamente interesante...aisss(jajajaja)

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  9. requete geniIIIalll!

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  10. Madre mía ***se abanica, se abanica, se abanica***

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    1. Bienvenida, Kyra. Me alegra que hayas comentado cada capítulo que has leído dónde has dejado tus impresiones y siguiéndolos me alegra comprobar que he logrado el efecto deseado, y es que acabéis suspirando por lord K :P

      Te diría que estoy preparando la versión novelada de esta historia, pero tardaré más tiempo del que esperaba, así que no quiero adelantar acontecimientos, jaja.

      Besos y gracias por tu visita.

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  11. Estoy en trance... Un abanico,no!!!...un ventilador. La tienes publicada???

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