Reincidencia (II)

Había obedecido a lord Crawford; no se había detenido unos segundos a interpretar lo que él le había pedido que hiciera, simplemente lo había hecho: se había dado la vuelta y ahora miraba a la pared, dejando el corte de su vestido de espalda desnuda a la vista de los oscuros deseos de otro hombre que no era el señor Kirbridge. Sintió un hirviente deseo bajo el vientre creciendo en espiral, abriéndose como un abismo infinito. Un frío helado perló su frente, por suerte estaba de espaldas y él no podría verlo

- Excelente, corazón - alabó deliciosamente en el oído de lady Kirbridge. Ella tembló como una hoja, mordiéndose los labios. - Quiero saber qué llevas bajo el vestido - ahí estaba de nuevo, un nueva órden que exigía una respuesta. El remolino en su vientre se disparó hacia sus pechos, ahora doloridos.

- Nada - respondió ella entrecortadamente. Se arrepintió. Había querido decir que no llevaba nada especial y sabía que lord Crawford había entendido lo que ella había querido decir. Pero ese "nada" implicaba que realmente no vestía más que piel bajo el vestido.

- ¿Nada? - se rió él, tan cruel y sucio como lo era siempre. A alguien como él solo le hacían falta palabras para que una mujer se le rindiera. - Eso quiero comprobarlo...

Depositó un beso sobre la nunca de lady Kirbridge y un violento ramalazo recorrió el cuerpo de la mujer. Centímetro a centímetro el temblor descendió por todo el surco su espalda hasta colarse entre sus nalgas y alcanzó el centro de su placer. Lady Kirbridge tuvo una sensación similar a la que hubiese sentido si lord Crawford la hubiese llenado con su hombría en ese preciso momento, de golpe y sin avisar. Él se percató de la reacción, la aferró de las caderas y se apretó a ella dejando de lado las sutilezas. Ella sabía perfectamente qué era lo que él escondía bajo su ropa. El sexo de Lady Kirbrige palpitó de anticipación; pero él había sido claro con respecto a lo que ocurriría. ¿Cumpliría su palabra? ¿No harían nada, después de todo? No podía soportar eso.

Otro beso incendió la piel de lady Kirbridge, y otro más, y otro. Una sucesión de besos descendió por el mismo camino que sus electricos hormigueos, los labios de Lord Crawford siguieron el camino que marcaba la línea de la espalda de la mujer hasta llegar al final de ella, dónde terminaba el vestido... y dónde comenzaban sus nalgas. Ella escuchó como él se arrodillaba y apretó los dientes, sintiendo como su interior palpitaba del mismo modo que si él hubiese acariciado su vulnerable humedad.

Los dedos de Lord Crawford rozaron su tobillo, provocandole un intenso mareo. Sentía su aliento justo a la altura de los riñones, sus labios sobre el vestido rojo, punzantes latidos entre los muslos a causa de la cercanía de ese hombre de mente tan sucia y sobre todo, sentía aquella mano tan poderosa subiendo lentamente por su pierna. Y luego la otra mano recorriendo el mismo camino. Las dos manos subiendo por debajo de la falda del vestido. Lady Kirbridge se movió nerviosa, lord Crawford apretó suavemente las manos en sus rodillas.

- Quieta, corazón. No te muevas...

Lady Kirbridge se quedó inmóvil. Su mente rebullía hirviendo sin control, los recuerdos se mezclaban con las sensaciones. Sabía lo que él encontraría cuando llegase arriba, cuando alcanzase su fina lencería; lo que más temor le provocaba era el alcance de sus palabras. No se mediría, vertiría nuevas suciedades en su oído y ella se desharía como mantequilla sobre pan caliente. El dolor en los riñones se incrementó a medida que las manos de lord Crawford acariciaban sus redondas piernas, igual que el abismo que seguía creciendo en su vientre.Las manos del hombre aferraron sus nalgas con suavidad, comprobando qué tipo de prenda vestía. Tanteó los bordes de encaje, metiendo los dedos entre la prenda y su piel; a modo de tortura, acarició todo el borde desde atrás hacia delante, recorriendo la unión de sus piernas con sus caderas, pero sin llegar a rozar ni una de las zonas sensibles de la nerviosa Lady Kirbridge. Ella se atragantó con sus propia respiración, incapaz de soportar la tensión a la que él la sometía. Deseaba que la tocara, deseaba que acariciara, al menos, por encima de la tela. Pero eso no, aquello era demasiado.



Pero nada hizo. Con una mano, lord Crawford aferró la prenda y tiró hacia abajo, haciendola descender por las piernas. Mientras lo hacía, dolorosamente despacio, sus dedos acariciaron bajo la falda las redondas nalgas de lady Kirbridge hasta que la lencería alcanzó los tobillos.

- Levanta los pies - su voz se endureció ligeramente. ¿Por qué? Lady Kirbridge obedeció con algo de miedo. ¿O era inseguridad? Cuando la prenda estuvo en posesión de lord Crawford, este se puso en pie tras ella, sin sacar una de las manos de debajo de la falda, apoyada sobre la cadera. Estudió su ropa interior en silencio, dándole vueltas a la prenda entre los dedos. - Para no tener vida sexual, eliges prendas íntimas muy descaradas, corazón... - murmuró con la misma dureza de antes. Lady Kirbridge se sintió excitada y confusa a partes iguales.

De improviso lord Crawford la empujó con el cuerpo, aprisionándola contra la pared. La mano sobre su cadera desnuda se aferró a ella con tanta fuerza que le clavó los dedos en la carne. La forma en que se apretó a ella le impidió, a los pocos segundos, que pudiera respirar bien. A eso se le sumaba la enorme presión en los pantalones de lord Crawford, ahora notable entre las nalgas de lady Kirbridge. Tuvo la sensación de que si apretaba más, atravesaría toda la ropa que había entre ellos y la penetraría sin piedad.

- Busca una excusa para retirarte de la fiesta, la que sea. Cuando salgas de la mansión, pide un taxi y pídele que rodee la manzana hasta Belgrave. Cuando estés delante de la embajada Alemana, un Aston Martin de color negro te estará esperando en Pont Street. Súbete en él. No te preocupes, nadie te verá si eres lo suficientemente discreta. Haz todo lo que el chófer te diga. Todo. Si lo cumples, puede que no tenga que castigarte. Pero, si por cualquier motivo, te rebelas con tal de recibir un castigo, las consecuencias serán peores. ¿Me has entendido?

Lady Kirbridge solo fue capaz de asentir con la cabeza, habíendose quedado repentinamente sin voz.

Lord Crawford depositó un beso en su oreja y se separó de ella, soltándola. No añadió nada más, se guardó la prenda de lencería en el bolsillo del Valentino y desapareció por el pasillo.

8 intimidades:

  1. Uysssssssssss!!!!
    Yo venía muy tranquilita a acomodarme entre tus letras y... ESTÁN QUEMANDO!!!! jejejeje.
    Pues ya estoy por aquí... si no incomoda ;) y te dejo un besito de finde :)

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  2. Bienvenida, Sweet ^^

    No te preocupes, adelante, eres libre de comentar lo que te guste (y lo que no) y de pasarte por aquí todas las veces que desees :3

    Un beso íntimo ;)

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  3. Que morboso es volver a leerte. Que atrayente es Lord Crawford, ummmm, dominante e irresistible.

    Un besote Paty.

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  4. Bienvenida, Princesa Celta ^^

    Espero conseguir ese grado de atracción en el lector durante todo lo que dure esta miniserie. Aún no sé cuantos capítulos tendrá, pero la aventura de lady Kirbridge no será corta.

    Un beso íntimo ;)

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  5. Anónimo17:38

    hola, he encontrado por casualidad este blog y me parece muy interesante, creo que voy a volver de nuevo a leer, había perdido el interés por la lectura y mira por dónde ha vuelto, me ha parecido muy interesante lo que he leido y quiero más, un saludo
    maria

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  6. Si no va ella, ya voy yo!!
    Voy a por el siguiente!
    Un saludo

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  7. Hola!! buena pluma, me encantó tu blog

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